Payàs, Alba – Quiero ayudar a un amigo en duelo |


Payàs, Alba – Quiero ayudar a un amigo en duelo


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Acompañar desde la compasión es difícil porque requiere la disposición interna de ir con los otros, allí donde se sienten débiles, vulnerables, solos y rotos. Nuestra respuesta espontánea al sufrimiento del otro es intentar apartarle de él, huyendo o buscando una solución rápida. Como personas de apoyo, amigos o profesionales ocupados, activos y relevantes queremos sentirnos bien haciendo una contribución real efectiva. Es decir que lo primero y más importante es intentar hacer algo que muestre que nuestra presencia realmente marca una diferencia. Y así ignoramos nuestro mayor don, que es la capacidad de entrar con compasión en el dolor de aquellos que sufren.

Henri Nouwen

“El camino del corazón”

Acércate a la persona en duelo. Muy a menudo, cuando un amigo está en duelo, tenemos el impulso natural de acercarnos pero nos detiene no saber qué hacer o qué decir que sea apropiado. La incomodidad, no tener respuestas al dolor, el miedo a decir algo impropio a veces nos hacen replegarnos e incluso evitar el contacto. Eso hace que la persona en duelo se sienta más aislada e incomprendida. A pesar de no tener las palabras ni el gesto adecuado es importante acercarnos con cariño y humildad: el mero hecho de dar nuestra cálida presencia, a menudo silenciosa, es ya una ayuda para la persona en esos momentos.

Puedes decir:

Me gustaría mucho poder decir algo que alivie tu dolor, pero no encuentro las palabras. Pero quiero que sepas que estoy aquí y que pienso en ti muy a menudo.

 

A la gente no le gusta escribir cartas de condolencia y tienen miedo a no encontrar las palabras adecuadas y de no saber qué decir que pueda servir de consuelo. Y muy poca gente se da cuenta de que cuando has perdido a un ser querido estas cartas son como una bendición. Las cartas que llegaban de los amigos y conocidos de Jorge hacían mi día más memorable. Me hacían llorar. Me hacían sentir cerca de él. Me hacían sentir como si el amor de los que le querían me llegaba a mí.

Las mejores eran las más largas, las más concretas, las que mencionaban algún recuerdo que el amigo guardaba de una forma esencial y las que me explicaban alguna historia de Jorge totalmente desconocida para mí Otras, las frías e inexpresivas llenas de frases hechas, son las únicas que me hacían daño.

Antes, yo misma me habría negado a escribir cartas de condolencia pensando en qué cosa más horrible hacer recordar cosas dolorosas, como si fuese echar sal a una herida abierta. Pero hoy sé que eso no es así Agradezco estas cartas como un tesoro muy apreciado, y el dolor que siento al releerlas siempre se mezcla con sentimientos de amor y gratitud.

Rosa, madre de Jorge

Errores comunes. Queremos compartir contigo los errores más comunes que se cometen al intentar acompañar a personas en duelo. Son frases hechas , tópicos y falsas creencias que hemos aprendido de nuestra sociedad y que reflejan la dificultad que tenemos para estar presentes, sin pretender minimizar ni negar el dolor del otro sino, simplemente, haciendo compañía. 

Lo que nunca debes decir:

Sé fuerte. Anímate: hazlo por tus… hijos… Distráete que te irá bien. No llores más que te estás torturando. La vida continúa. Es ley de vida. Resígnate. Ha sido la voluntad de Dios. Ahora ya no sufre. El primer año es el peor, luego ya verás….

Muéstrate dispuesto a escuchar. La persona en duelo puede que tenga ganas de hablar sobre lo que ha sucedido, las circunstancias de la muerte, su soledad, culpa, enfado o simplemente recordar y rememorar el tiempo vivido. También puede ser que en ese momento no desee hablar de todo esto y agradezca que le propongas alguna actividad de distracción. La única manera de saber qué es lo adecuado en ese momento es preguntárselo a la persona.

Es la primera vez desde la muerte de mi mujer que siento que alguien me escucha de verdad.

He contado más en estos diez minutos aquí que lo que le he contado a mis amigos y a mis hijos en los dos años que hace que se murió.

José, en el primer día de su participación en el grupo de apoyo

Interésate por lo que piensa, siente, y le preocupa. En seguida notarás si tu amigo/a desea o no hablar de sus sentimientos. Si lo desea, el mejor regalo que puedes hacerle es escuchar en silencio, sin intentar minimizar, aconsejar, ni paliar. Hazle alguna pregunta interesándote por lo que te cuenta. El arte de escuchar es el arte de hacer buenas preguntas.

Si se emociona al contarte lo que vive, no intentes evitar o parar su expresión. No te preocupes: llorar no hace daño a nadie. Lo que hace daño son las lágrimas no vertidas que se pudren dentro del corazón, cerrándolo.

No puedo mencionar su nombre en casa. Me dicen que me calle y que me estoy atormentando inútilmente. Mi marido especialmente se enfada si me ve mal. Me dice que eso no sirve para nada que ella no regresará. Cuando le pido que me acompañe al cementerio, que es mi único consuelo me dice que estoy loca, que no voy bien y que todo esto que hago no sirve para nada. Solo por las noches cuando él ya duerme, lloro abrazada a la almohada procurando no hacer ruido.

Déjame llorar, si no sabes qué decirme, abrázame. No me critiques por mi manera de expresar mi dolor. Y si tú estás triste también, estoy dispuesta a escucharte.

Apoya la expresión ritual. Los símbolos o rituales nos permiten expresar aquello para lo que no tenemos palabras. Los objetos, fotografías, los días especiales, el funeral, una música, ayudan a la persona en duelo a conectar con recuerdos y sentimientos. Este reabrir el dolor no debemos verlo como una recaída o algo que se deba evitar, sino como una nueva oportunidad de reexperimentar el dolor y de encontrar nuevos significados que nos ayuden a aceptar lo sucedido. Acompañar a nuestros amigos al cementerio, a revisar el álbum de fotos, a pasear por los sitios que traen recuerdos es una buena manera de ayudar y facilitar la elaboración del duelo. Al servir de apoyo y compañía, esos objetos, símbolos o ritos pueden facilitar a la persona en duelo la elaboración de una nueva narración de lo sucedido, con significados más aceptables que permitan la restauración del sentido de conexión, plenitud y paz.

Cuando murió mi hijita de tres meses, no me dejaron estar con ella después. Me hubiera gustado acariciar su cuerpo por última vez y despedirme: ¡le hubiera dicho tantas cosas!

El médico me dijo que volviera a casa y hiciera mi vida como si esto no hubiera sucedido. “Imagínate que no has tenido ningún hijo y que estás comenzando tu vida de pareja: eres joven y tendrás otros hijos”- me aconsejó.

Cuando llegué a casa a la mañana siguiente, habían sacado todas sus cosas: la ropita, la cuna y sus primeros juguetes. Han pasado muchos años, he tenido otros hijos pero el recuerdo de mi pequeña siempre estará conmigo.

Dejad que las madres estemos con el cuerpo de nuestros niños si lo necesitamos.

Todo el dolor que podemos expresar ahí nos libera y alivia. Dejadnos guardar las cosas el tiempo que necesitemos, nos ayuda a conectar con nuestro dolor, el sentido de lo que hemos vivido y mantener el recuerdo. No hagáis como si nada hubiera pasado. Aunque nuestro hijo haya muerto, tuviera la edad que tuviera, sigue siendo nuestro hijo.

Margarita, madre de Elizabeth

Este texto es propiedad intelectual de Alba Payàs Puigarnau y se ha  obtenido de la web del Instituto de Psicoterapia Integrativa-Relacional en pérdidas, duelo y trauma IPIR http://www.ipir-duelo.com/


 
 
 
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